Arabako Aralar


La factura del TAV
March 8, 2010, 11:02 am
Filed under: AHT, Aralar, Gasteiz, Intermodal Gasteiz, Uncategorized

Gasteizko Batzordearen Prentsa Oharra:

La alta velocidad acelera en Gasteiz. Una vez firmado el protocolo de financiación para el soterramiento del ferrocarril a su paso por la capital de Araba, podemos dar por iniciada una nueva carrera por el despilfarro, y también por apuntarse un más que dudoso tanto político.

476 millones de euros (511 sumando las obras de urbanización) aportados por las 4 administraciones con competencias en nuestra ciudad (Ayuntamiento de Gasteiz, Diputación Foral de Araba, Gobierno de Lakua y Gobierno de España). Un buen pellizco será invertido en adaptar el actual trazado y la actual estación de ferrocarril para que la alta velocidad pueda llegar en superficie a Gasteiz. Con el resto, se construirá y soterrará el futuro trazado ferroviario y la futura estación intermodal que, previsiblemente, sustituirá a la actual estación de tren y a la futura -y todavía no construída- estación de autobuses.

Para dar oficialidad a esta nueva provisionalidad a la enésima potencia, no se podía haber elegido mejor escenario que el Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo (Artium), que ocupa un solar inicialmente destinado a una estación de autobuses que nunca llegó.

Cientos de millones de euros que se suman a la ya abultada factura del TAV. Una factura que nos va a salir muy cara no sólo económicamente, sino también medioambiental y socialmente.

En el aspecto económico, el coste salta a la vista. Las cifras son astronómicas y, considerando la actual crisis y las medidas que se están barajando para que la clase trabajadora les ayude a superarla, podríamos decir que hasta insultantes. En el caso de Gasteiz, donde a priori algunas de las inversiones previstas tienen fecha de caducidad a corto plazo, el asunto merecería alcanzar la categoría de escándalo.

Sin embargo, las instituciones impulsoras de esta infraestructura intentan calmarnos sacando a relucir que muchas de las contrataciones se han hecho con empresas vascas. Gracias a ello, dicen, se han generado muchos puestos de trabajo, y también se generarán muchas inversiones en el futuro, tanto de empresas de fuera que vendrán aquí, como de empresas del país que, gracias a la alta velocidad, podrán “expandir sus mercados y áreas de influencia”.

No creemos que las condiciones de precariedad y la acumulación de subcontratas sean motivo para sacar pecho en lo que a la mano de obra se refiere. Los mismos puestos de trabajo podrían haberse generado invirtiendo los fondos públicos en otro tipo infraestructuras o servicios seguramente más necesarios. A futuro, no creemos que la reducción del tiempo en los desplazamientos atraiga por sí misma inversiones, sino más bien un aumento en los desplazamientos y movilidad de la mano de obra, que podría ver cómo los centros de trabajo se alejan de su lugar de residencia.

En el plano medioambiental, la derrama tampoco pasa deapercibida. Por citar algunos de los destrozos: ya son varios los centenarios manantiales que se han secado en nuestros montes; los desplazamientos de tierras y escombros han alterado, o directamente destruído, el hábitat natural de multitud de especies; en Gasteiz, los humedales de Salburua, parte fundamental del todavía mimado Anillo Verde, y gran parte del parque de Arriaga se verán brutalmente afectados cuando los raíles estén dispuestos para penetrar en nuestra capital.

En contraposición, se nos vende la presunta ecología de un medio de transporte como el ferrocarril, que apenas genera gases contaminantes y que aligerará  de tráfico nuestras carreteras.

En primer lugar, el daño ecológico generado durante la construcción de la “Y vasca” resultará grave e irreparable. En segundo lugar, el consumo energético de este tren poco tiene que ver con los ferrocarriles convencionales que hemos conocido hasta el momento. Los sectores energéticos pronucleares ya han apuntado que pueden resultar indispensables para cubrir este “nicho de mercado”. Así mismo, no podemos desligar la futura demanda energética que supondrá el TAV de la proyección de nuevas infraestructuras para el transporte de electricidad, como la línea de alta tensión Castejón-Gasteiz, que aún hoy amenaza a los Montes de Vitoria. Por último, no resulta comprensible sostener que el tráfico rodado por carretera se verá disminuido mientras se sigue impulsando la construcción de autovías y autopistas, como la Eibar-Gasteiz, o mientras se anuncian precios de billetes y tiempos de desplazamiento entre las 4 capitales de Hegoalde poco competitivos con el coste del mismo trayecto en vehículo privado.

Y, para terminar, el impacto social. En Aramaio ya han empezado a sufrir lo que significa la desvertebración territorial. O, lo que es lo mismo, el segundo plano al que se va a condenar a todos los municipios y localidades que no cuenten con estación de alta velocidad (todos excepto las capitales). Las comunicaciones desde y hacia los pequeños y no tan pequeños núcleos de población han sido sacrificadas en aras de la comunicación entre las grandes capitales. El mundo rural quedará ninguneado, forzando a sus poblaciones a vivir en el ostracismo y la incomunicación o a emigrar a las capitales. Tal vez esto sea a lo que se refieren ciertas gentes de la política cuando hablan de Euskal Hiria. Concepto algo alejado, creemos suponer, de la idea original de Atxaga.

El impacto laboral también puede ser importante, acortando distancias como nos quieren vender, o multiplicando desplazamientos con el consiguiente riesgo de alargar jornadas y aumentar riesgos laborales, como más bien creemos que sucederá.

La actual casta política en el poder parece no querer aprender ni de las malas experiencias del pasado, ni de la crisis presente.

Nadie parece percibir la sombra de los vaivenes que rodearon la fracasada construcción de la estación de autobuses “Ibarrola”, y que dieron pie a la actual estación provisional de la calle Los Herrán y al levantamiento del Centro-Museo Artium. Sombra que ahora acecha el faraónico proyecto de estación intermodal y soterramiento del ferrocarril, dotados ambos de una falta de debate y participación ciudadana que ya se ha convertido en seña de identidad de las clases dirigentes.

Tampoco nadie parece percatarse de la incoherencia de seguir apoyando la construcción de unas infraestructuras orientadas a favorecer el mismo modelo económico y productivo cuya decadencia llevamos sufriendo varios años. Se continúa echando leña a la locomotora del crecimiento desmedido, del pelotazo urbanístico, y de la política como mera comparsa de los intereses económicos y financieros, y nunca de los intereses de la ciudadanía, a la cual se deben.

A pesar de la solemnidad que rodeó a la firma del cacareado protocolo, mediante la que pretenden transmitir a la sociedad gasteiztarra la irreversibilidad de la decisión, creemos que aún hay tiempo de abrir a la participación ciudadana el debate en torno a la alta velocidad, al soterramiento, a la estación intermodal, al equilibrio territorial y al destino del dinero público. Algunos colectivos, también presentes en el acto, llevan años debatiendo e intentando transmitir sus reflexiones a la sociedad. Creemos que la mayor obra de ingeniería de la historia local, como lo han denominado algunos medios, y en especial la ciudadanía de Gasteiz, de Araba y de Euskal Herria, lo merecen.

Iker Vitores eta Andres Landa

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